Un pequeño lazo de oro amarillo de 18 quilates abraza una perla blanca, como símbolo de los primeros vínculos y del amor que acompaña desde el comienzo.
Pensados como una de sus primeras joyas, estos pendientes guardan la ternura de los primeros años. Un regalo para celebrar su llegada y conservar siempre como recuerdo de una etapa irrepetible.













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